Molestan. Te mueves y sientes que está claro que cargas algo que no te pertenece, que no es natural. Tratas de dormir de lado y la que corresponde, igual a una piedra se clava en tu costado , buscando me imagino su espacio. Sin ningún aviso, se producen dolores y puntadas, además de que ya no puedes ni abrazar ni dejarte abrazar como antes, amén de que no sé cuando podré, si es que es posible acostarme de nuevo boca abajo.. Los primeros días estás ahogada por la presión de esos elementos que tratan de ajustarse a una piel que originalmente no estaba diseñada para recibirlos, o como en mi caso, que deben comenzar de nuevo a crear el nicho donde se deben alojar.
Y ojo, no hablo de la parte estética, porque mi proceso es largo y según como diría un dicho que volví a leer en estos días, parezco aún
un amigo. Me niego a disimular, a usar rellenos o ropa "discreta". Sigo usando mi tradicional ropa intima, aunque se vea el vacío, quizás porque sé que en algún momento se ha de llenar. Quiero conservar lo poco natural que puedo llevar en mi parte superior, un escote lleno de dignidad, un picón de lucha.
Pensé que iba a ser mas duro perder las naturales, dado mi rechazo a los implantes cuando no era algo que una enfermedad pondría en mi vocabulario, pero siempre me ayudó el pensamiento de que todo el que iba a necesitar de ellas, bien fuera para alimentarse (o no) había tenido su chance. Sin embargo, me está resultando mas difícil acostumbrarme a lo nuevo, hasta el punto de dudar de la decisión de sustituirlas de inmediato, sobretodo cuando esa presencia es de verdad un elemento irrelevante en esta lucha contra lo maligno, irrelevante por demás e incómodo.
No hay forma de abordar el tema sin que sienta un amarillismo terrible, quizás expongo demasiado. Porque he leído los que están
a favor y en contra de lo que ahora solo es un proceso mas hacia la belleza como pintarse el pelo y las uñas. Que si la autoestima que sube y las miradas que le robas a hombres que de otra manera no hubiesen volteado a verte. Y también que no hay copa que rellene la inseguridad y el vacío de una vida que aunque usa sostén 40 D sigué midiendo 32 A, de niña, en la realidad.
Yo por mi parte sé que superaré el tropiezo de verme en la posición de aceptar, casi a regañadientes, la proposición irrechazable de
lolearme por razones terapéuticas y hasta
respaldada por la ley, simplemente por temor a, encima, afectar mi aspecto de manera radical y producir un trauma adicional para mí y los míos.
Pero tengo que decirlo: cada dolor, cada movimiento molesto, cada encuentro con la dureza me hace preguntar como una mujer sana incurre en la necesidad de colocarse prótesis con todos los inconvenientes que involucra, inversión, riesgos y mas de lo que se cree, insatisfacción porque al final eres la misma con un nicho pegado a tu cuerpo para proteger a tus pies de la lluvia. Creo que en el momento que se decide, empieza una carrera perenne que uno nunca ganará contra la inconformidad con quién eres y como te ves.
Actualización: Vuelvo a operarme este lunes 22. Espero
la jefa de prensa les informe.