No puedo dejar de manifestar mi disgusto por la alharaca formada alrededor del nuevo Ministro del Poder Popular para el Trabajo - me quedé sin aliento - y
el video donde
juega con su dentadura postiza.
Si, le faltó decoro. Si no es muy higiénico eso de andar metiéndose la mano en la boca y sacándose los dientes, dientes que deben estar, por decir lo menos llenos de bacterias. Pero de allí a, de nuevo achacar la torpeza al gobierno, a Chávez, a cierta incultura de los que dirigen el país, es el colmo.
Que fácil olvidar a Malavé Villalba y su "no me den, pónganme donde haiga", las horribles metidas de pata de un tal José Angel Ciliberto, ex-ministro del Interior y mi favorito, la expresión de oratoria que dió la Dra. Blanca Ibañez "cubrida" de Lusinchi cuando se le pidió justificar su estilo de vida. Si, no es meterse la mano en la boca y llenarse se saliva las manos, pero si a decoro y cultura vamos, la diferencia es poca.
Además, esto ocurre no solo en Venezuela: de las estirada Europa tenemos
otro video donde el premier de Italia come postre - aunque salado - con su café. Y aqui en los Estados Unidos, un juez decidía el futuro de los acusados a su cargo
jugando dados con una bomba especial para ello; amén de considerar su estrado una especie de baño donde se afeitaba
eso y se cortaba las uñas.
No hay excusa para el Ministro Hernández. Y ya los revolucionarios deberían saber que deben manejarse con pies de plomo, porque no fué casual que tomaran tamaño evidencia que hace revolcar a Carreño en su tumba. No hay razón para justificar que el camarógrafo no pare de asco o de consideración con la edad del
perpetrador. Cosas de la idiosincracia, de la
joda como norma, igual que con aquellas declaraciones de
Carreño - Porky, no por lo gordo, por el tartamudeo - y sus
modestos zapatos.
Quizás yo parezca un
Willian Lara defendiendo lo indefendible, solo acoto que nuestro longevo - ¿no hay mas jóvenes en al revolución comandante? - asesor de la Presidencia para el trabajo no es el primero, ni el único, ni será el último en faltar al decoro. Ojalá sea mejor en lo que se desempeñará y no tenga que ponerse habilidades
postizas para ejercer su cargo.