- Soy Daisy Reyes, la de la cita de las 4 - le dije a la recepcionista del bufete de abogados, sin mucha convicción y asustada por la mentira. Esperaba a mi amiga C. la que había inventado ese nombre en un intento desesperado porque su representante legal la atendiese: si pedía una cita para ella, el abogado no tenía tiempo, pero tratándose de un nuevo cliente a quién atrapar, la agenda estaba abierta, los abogados de inmigración hacen su agosto entre las personas con estatus legal indefinido y que además temen exigir sus derechos como clientes.
Bajé a ver que le pasaba a C., ella me esperaba, igual de nerviosa que yo en la puerta del edificio. Subimos y hasta el profesional nos saludo en la entrada de la oficina, sin reconocerla. Fuimos llamadas y pasadas a la sala de conferencias. Luego del saludo y después de tanto ensayar en mi cabeza lo que le diría, simplemente balbuceé, en mi mejor inglés: "Primero le pido disculpas, la verdad es que yo solicité una cita por mi amiga, que ya es su cliente y ustedes no atienden". Por supuesto la cara de ponche - de la cual el Dotol rápidamente se recuperó - y la sorpresa surgieron. El "su asunto no está incluído en nuestro contrato " - mentira - no se hizo esperar. La discusión sobre procedimientos realmente empezó cuando se buscó el expediente y allí finalmente el señor se enteró de los detalles del caso. Yo no intervine en ningún momento - ya había hecho bastante haciéndome pasar por otra persona - pero al final, a pesar de no haber generado las respuestas esperadas, ella obtuvo una definición por parte de su asesor legal. Al salir, este guapo cuartentón me señalo con el dedo, acusándome en forma de broma - you, you, you! - y yo solo alcancé a decirle que lo consideraba un caballero y le agradecía la comprensión.
Salimos tristes por la consulta pero aliviadas - consideramos que hasta presas nos podían haber llevado - y yo me alegré de estar allí por ella, ya que es un privilegio asistir a los panas en problemas. Un café en medio de risas y el consuelo tonto de haberles echado a todos los del consultorio legal - las caras de la recepcionista y la asistente legal también fueron música con violines a la salida - una vaina, fueron la conclusión de la cita de Daisy Reyes.
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Es le primera vez que pongo sobre papel una historia de las tantas que uno vive como inmigrante y particularmente ciudadano de Miami, este mondongo de razas donde es inevitable que nos demos codazos unos con otros. Quizás sea una serie que continúe.