miércoles, julio 25, 2007

Pidiéndo cola...o no

Mis potros están enfermos...así que ayer me vi obligada a andar en metromula. Esperando el bus que me dejaría en la estación comenzó a llover y más de un, asumo, amable caballero, me ofreció la cola y, asumo también, hasta el metro - uno hasta dió la vuelta a la cuadra para ofrecerse dos veces - porque por supuesto preferí la humedad a subirme a un carro con un desconocido.
Recordé lo joven y temeraria que era cuando trabajaba en La Victoria y vivía en Caracas - un recorrido de hora y media - donde pedía cola tanto para irme, mayormente sola en Tazón o en Chacaíto, como para regresarme esas veces, si, mas o menos acompañada con un pana :)
Nunca me pasó nada, sustos generados por la inmadurez, el tocar temas inadecuados - me salió una proposición de matrimonio que me aterró, solo a un desequilibrado se le ocurre - borrachos y echadores de perro instinstivos que entendían, afortunadamente un no. Las mujeres por razones ahora obvias, no dan la cola; nunca se paró a dármela ninguna.
La mas de las veces era un viaje grato, con paradas a tomar café o viajando lo que en aquel entonces era la agradable Carretera Panamericana. Conversaciones intrascendentes y un recorrido sin gastos, ideal para una limpia como yo.
Por supuesto ahora ni me imagino pedir ni dar cola, a menos que conozca a quién me acompaña. Madurez, llaman a eso pero es triste, ¿no?

3 comentarios:

guardafaro dijo...

¿Madurez le llaman? Yo, como muy comedido le llamaría simple precaución, y si fuera sincero lo llamaría miedo. Claro que es el miedo que da el conocimiento adquirido, no necesariamente por las experiencias propias, sino por todas las agenas y estar claro de cual es la cituación de país. Ahora que sí, que ese conocimiento es dado por la madurez de la edad.

Martha Beatriz dijo...

Bueno Guardafaro,
es triste porque uno no puede confiar en los demás, por la inseguridad rampante, porque como dijo aquel filósofo laboral "el miedo es libre" y en le caso pearticular de la cola es un ahorro de recuersos y una ayuda para quién se le otorga. Pero como decia Mariko_San en la novela "Shogún", desconfiar de todo es una norma de vida.

Lycette Scott dijo...

Es triste amiga, recuerdo que en primer año de la universidad daba la cola a los muchachos que se ponían en la parada con letreritos "los teques-san antonio", después comencé a escuchar tanto cuento que ni que pidieran cola dentro de la universidad y tuvieran auténtica pinta de estudiantes los llevaba ni a la esquina