viernes, abril 06, 2007

Él

Él que comparte la nacionalidad pero no la nostalgia. Que sin ser sifrino y que todo le huele a cuando va de viaje evita a Venezuela como destino. Y está enamorado de sus paisajes, adora a sus padres, hermanos y demás hierbas, tiene amistades que ni la distancia ni el tiempo han borrado pero solo se moviliza cuando la necesidad es muy obvia, como este encuentro que es una rara oportunidad de que su familia se reuna completa. A él lo acabo de dejar en el aeropuerto, con el corazón en la mano, deseándole un buen viaje, una agradable experiencia, un pronto regreso sin inconvenientes, dado que soy la ingeniera de su decisión ( El hombre es la cabeza de la casa pero la mujer es el cuello, como dice la mamá de Toula en My big, fat, greek wedding). Y entonces la pregunta es que es lo que no le gusta: El abuso. La viveza. Los excesos. La sensación de pendejo del que respeta las normas. Los "saca-carnet". Los "guapos". En resumen, pues, esa parte de la idiosincracia, sumamente negativa, que está vivita y coleando en nuestro país.
Desde el improvisado carga maletas que casi te las arranca en la llegada a Maiquetía hasta la agente de tráfico aéreo que no tiene sencillo para darte vuelto del impuesto de salida, sus viajes a la Patria lo regresan a las mil y una experiencias que nos decidieron a cambiar de país, de mentalidad, de vida y no que a la larga Miami, sobre todo, no haya empezado a tener demasiadas similitudes con lo que quedó allá. Yo solo espero que en el tono de semana santa, no vaya y viva la pasión en este largo fin de semana.

6 comentarios:

La Flaca Simplona dijo...

Martha, sus sentimientos son perfectamente comprensibles. Muchos se mudan o se quieren mudar porque no aguantan la ideosincracia o el sistema. La paciencia tiene un límite y vivir en éste país requiere que ese límite sea elevado. Ojalá la alegría de reunirse con su familia, le disipe un poco las incomodidades ideológicas.

Un abrazo para ti.

Belkis Araque "Bel" Niña Fresa dijo...

Martha...mucho ánimo!!!

Lycette Scott dijo...

Amiga, buen post este...yo lo entiendo porque cuando regresé de París tuve la sesación de querer todo de mi venezuela bonita menos esas cosas como la viveza, las colas y afines...cosas que precisamente casi logran hacerme quedar por aquellas tierras

Nostalgia dijo...

Me suena a mí. Y lo comprendo perfectamente.
Dentro de poco querrá irse de Miami.
slds ♥
p.d. Gracias por tus buenos deseos en mi blog :)

Khabiria dijo...

La verdad es que yo me siento orgullosa de ser venezolana, pero cuando veo la idiosincrasia del venezolano, me pongo la mano en el corazón y digo: Esto no lo quiero yo!
Ni esa viveza criolla, ni ese tercermundismo que a veces llevamos en la cabezota, ni la mala educación, ni la corrupción, si porque la corrupción se ve en cada acto y cada gesto...y si tenemos cosas muy buenas, tenemos cosas maravillosas como país y como pueblo....pero la opaca la oscuridad de las malas costumbres...

Un abrazo
:)

Regina Falange dijo...

Pues, bienvenido sea a estas tierras y ojalá se tope con las pocas cositas buenas que nos quedan.

Un abrazo querida Martha!