jueves, julio 20, 2006

¿Porqué no me preocupa la guerra? ¿Porqué?

Soplan no vientos, huracanes de guerra. Irak empeora y ahora lo de Israel y Palestina oxigena la violencia. Y nada de eso me preocupa, ni me produce ninguna opinión. Y valga la redundancia, mi indiferencia, eso si me preocupa.
¿Será insensibilidad?
¿Será la conciencia de que aunque muchas almas llamemos a la no-violencia es precisamente nuestra imposibilidad de responder con ella lo que hace nuestra voz inútil?
¿Será que lo sensato es vivir el presente lo mejor posible antes que uno de estos locos pulse el botón que destruirá nuestra ciudad, hará caer el puente por donde pasamos, nos dispare el tiro que no nos merecemos o simplemente se acabe nuestra existencia sin explicación alguna?
¿O es lo cotidiano que no dá cabida a otros problemas?
Mientras yo no me preocupo - o mejor dicho me preocupo de que no me preocupo - estás reflexiones no significan nada, un leve lamento quizás por la destrucción y la muerte que es indeferente a mis (des) angustias.

4 comentarios:

Amistoso dijo...

¿será que estas en miami y ya ves las vainas diferentes y no te importa nada la gente que esta muriendo?

EnigmasExpress /Gandica dijo...

Pues, fíjate que has hecho como un llamado de atención.
Si no es porque planteas el tema, no de la guerra en sí, sino el de la preocupación, creo que muchos estamos pasando por lo mismo sin darnos cuenta.
Mejor dicho, el de la falta de preocupación por el preocuparse por la guerra.
¿Pero tenemos que preocuparnos por una guerra que no es nuestra y como tan lejana?
Supongo que ya tenemos suficiente con nuestra vida diaria y lo que nos rodea.
Gran cariñoso saludo.
(Oye, ¿tu no trabajastes para la revista Elite en alguna oportunidad?)

Martha Beatriz dijo...

Hola,
amistoso, se supone aqui en los E.E. U.U. y en Miami - hay una gran comunidad judía - debería sentirse con intensidad, sobretodo por las posiciones que toma Bush, las cuales nos afectan a todos, cada riesgo que el toma apoyando barbaridades en el medio oriente es un bastión para que ellos sigan intentando perjudicar el país con la única arma que parece les ha resultado: el terrorismo, que no afecta exactamente a los dirigentes. Amistoso, me importa la gente que muere a manos de la violencia, pero mi falta de preocupación por el conflicto en sí es mi enfoque, como mencioné ya quizás no porque sea lejana - ? en estos tiempos en lo que todo es teledirigido se puede llamar algo "lejano"? - sino porque las posiciones son irreconciliables y solo habrá un vencido cuando una de la partes esté diezmada o completamente destruída.
Digamos, tío Enigma, que el post lo motivó RomRod, que ha escrito sobre esto, yo me digo que si el "Mister Papito Bloguero" y una campaña electoral sin sorpresas nos tiene tan distraídos que la chispa de la guerra global de la que tanto nos habla la Biblia y sobre la que supuestamente hizo sus vaticinios Nostradamus la estamos dejando convertir en llama que nos incendiará a todos con nuestra indiferencia.
Carajo, tío, ya me va a poner a trabajar en el "Correo del Orinoco":)No, no he trabajado en ningún medio de (des) comunicación social, solo "El Nacional" en alguna oportunidad tuvo la gentileza de publicarme mis pistoladas en aquella sección dominguera de "Nuevas Firmas", ya extinta. Un honor tenerlos a los dos por aqui.

Regina Falange dijo...

Martha:

Yo me siento en parte de acuerdo contigo.Más allá de que las pocas imágenes a las que tenga acceso me descorazonen, siento como si llegamos a la etapa ulterior de un hervidero mundial en donde el destino más "seguro" (porque se cumple, porque es factible, porque pasa irremediablemente) es el de la guerra. En estos días tuve también una reflexión similar cuando en una calle de Caracas de una urbanización popular asesinaron a sangre fría a 7 personas e hirieron a otras 5 en menos de una hora. Cuestioné el concepto de guerra, y eso pasa cuando leo la prensa los fines de semana, la gente que muere a manos del hampa.

Creo que cuando hemos experimentado vivir en una ciudad en plena guerra, en guerra dispersa, en guerra que no perdona religiones, credos, clases sociales o cualquier otra diferenciación, en guerra sin rostro definido, cualquier conflicto localizado y localizable pues, como que pasa de largo. Es esa odiosa sensación de acostumbrarnos a lo malo, o al menos es eso lo que a mí me pasa.

Te envío un abrazo Martha, y tu tranquila: Me gusta cuando escribes sobre tus esfuerzos y preparativos para el maratón.