miércoles, julio 26, 2006

Nos está alcanzando el destino

Hay una película llamada Soylent green, cuyo título en español resultó Cuando el destino nos alcance, y así mismo lo uso para este post, que germinó cuando un comentario de amistoso -"será que vives en Miami..." - lo cual hace sonar esta ciudad como un paraíso, donde todo es no solo diferente, sino mejor.
Y precisamente una amiga comentaba que uno de había venido huyendo no solo de las limitaciones materiales para crecer, sino de la idiosincracia caribeña y aquí estabamos, tolerando los mismos males inyectados por los administradores y políticos que llevan nuestra sangre latina, y por los otros tantos que parece se adaptaron fácilmente a nuestras costumbres. Solo ver cosas como esta, que tan familiares nos parecen, con entrega de dinero ajeno a manos llenas y planes no cumplidos me hace pensar que no me he distanciado de las cosas que me disgustan tanto como querría y me he más bien acercado a otras que ponen en peligro mi integridad física y la moral, en el sentido de convivir con un gobierno, no solo con el que estoy en desacuerdo, sino que realiza actos terribles. Para rebosar el vaso, caminar por la ciudad, es muy parecido a que lo describe aqui el tío con respecto a los asquerosos insectos que pueblan la capital cumpleañera venezolana, papeles y sucio afean las calles como nunca antes.
Mientras descargo, sé que no es el momento ni de ver atrás ni de cambiar: me queda tolerar este destino del cual parece no puedo distanciarme, pero aunque no pueda con él, unírmele, !jamás!

1 comentario:

Regina Falange dijo...

Creo Martha, que en este caso se aplica aquello de que podemos escapar de cualquier cosa, menos de nosotros mismos. Y si a eso se añade la ineficacia y la contrariedad de los que en teoría, deberían procurarnos un ambiente más sensato para desenvolvernos, entendemos el por qué de lo que sientes.

El asunto es que el sentido crítico y el sentido común, cuando se instalan en una persona, son inquebrantables. Eso en parte nos hace en buena manera ambiciosos y nos permite crecer como ciudadanos y como personas. Es lo que nos permite revisar lo que va mal y para dónde va.

Claro, comparativamente hablando, las realidades que nos toca experimentar como latinoamericanos son aún más duras. Son durísimas en nuestras tierras, minadas de problemas, de temores. Es plausible querer escapar a procurarte, como mínimo, la garantía de vida y sentir decepción y frustración cuando esos lugares que soñamos también decaen en sus condiciones.

Pero te repito,lo importante es no perder la perspectiva y seguir dando la batalla desde cualquier campo.Igual la pelea para y por la vida es universal.

Un abrazo!