sábado, mayo 27, 2006

...y uno es feliz como un niño, cuando sale de la escuela...

Si, de vez en cuando la vida, como dice la canción de Serrat - en este caso literal porque hablo del fin de curso - se viven en un día toda clase de experiencias: a pesar de el poco tiempo que compartí con ellos, mis hijos temporales rieron, gozaron, lloraron como si no fueran a verse más nunca, me conmovieron, me sorprendieron con muestras de afecto que yo asumo estaban influienciadas porque no tendrán que tolerar mis exigencias por un tiempo, me pusieron a firmar diarios, a rallar camisas y me pusieron, también, a reflexionar respecto a las compensaciones no remuneradas de trabajar en educación y de si volveré el año que viene a vivir ese torbellino de emociones que nos acompañan a los maestros: satisfacción y a veces impotencia, alegrías y a veces humillación, deseos de abrazar a tus muchachos y a veces de darles una buena paliza, sentirte vivo y lleno de energía en cada logro y a veces envejecer en minutos a causa de la indolencia.
Pero como he admitido pocas veces, es mi karma gustarme la educación, profesión mal remunerada, poco reconocida, frustrante, agotadora pero verdaderamente única cuando se hace con ganas y vocación.

3 comentarios:

El loco dijo...

Ojala y todos los educadores pensaran como tu, que a pesar de los sinsabores archiconocidos aman lo que hacen. Saludos

alfredo447 dijo...

Esta semana le comentaba a una compañera del pedagógico sobre los pagos, los reconocimientos y otras cosas que duelen en el corazón, y ella me dijo: "Entonces,¿por qué escogiste educación?" respondí de inmediato: "Yo no escogí Educación...Educación me escogió a mí"
Es "verdaderamente única cuando se hace con ganas y vocación".
Muy emotivo,Martha B.

Kira dijo...

Saludos! :)