domingo, febrero 12, 2006

La pa$ión según San Mel: !Gloria a tí Señor dinero!

Mi opinión sobre el lanzamiento de esta película, por lo días que se estrenaba. Adecuado para un domingo que casi termina...les recuerdo mi ateísmo.
La pasión de Mel Gibson, es la película que en este momento ocupa la atención mundial por su éxito en taquilla, su fuerte contenido y las polémicas que ha desatado. Puesta en cartelera en las cercanías a la Semana Mayor, y no por casualidad – así como no considero casualidad la salida de “La lista de Schindler”en DVD, dado el supuesto sentimiento antisemita que la cinta genera – ha dado y dará mucho que hablar.
Debo aclarar que no la he visto, ni la veré, asi como no veo los “reality shows”: aparentemente, el público en general, antes de esta demostración de los sufrimientos de Jesús, imaginaba que los clavos en sus manos eran de azúcar y la corona de espinas estaba hecha de algodón, amén de que los latigazos que se le infringieron al hijo de Dios se produjeron con goma espuma. Ya la Biblia nos dice con exactitud por todo lo que pasó este hombre con la misión de sacrificarse por los demás y si no, ya teníamos una librería de películas que sin cansancio se repiten en TV cada período santo. Entonces ¿Porqué la novedad? ¿Qué hace esta versión especial? ¿Es que la historia es distinta?
Se me ocurre que existe un aparataje muy amplio que ha inducido al público a abocarse a ver un film que no puede sino llamarse morboso, dadas las crudas escenas que aparentemente presenta. Desde los dólares de Hollywood, en las manos de “Mad Max” hasta una Iglesia Católica totalmente desprestigiada que está buscando urgentemente un salvavida que la libre de la piedra que los unde representada en los escándalos por los abusos sexuales de los pastores y que amenaza con dejarla sin respiración, pasando por las declaraciones polémicas del padre de Gibson y la publicidad inmensa que se le ha dado a cada una de las extrañas reacciones que se han producido en las salas de cine, se produce en el cinéfilo un sentimiento de “hay que verla”.
Porque nada de esto funcionaría sin un público ávido de nuevas emociones - y en este caso nuevos valores – que sale de la sala con la fé “renovada”, lo cual más bien indica que la fé que tenían era débil y moldeable. Un público que ha indicado, para sí alimentar más el aparato publicitario que ahora si se dedicaran a ser mas piadosos y a seguir los mandamientos de la ley de Dios, mientras el director, a quién no se le quitan sus méritos tanto como actor como en esta faceta, y los actores, que no habían conseguido antes una plataforma como esta para lanzar sus carreras se llenan sus bolsillos de las preciadas monedas, tal como los mercaderes del templo que el Jesús de la película criticó.
Si sólo cada uno de los asistentes de las salas de cine, contribuyese el valor de la entrada en alguna obra caritativa, estoy segura que sí le mandaríamos el mensaje correcto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Pero tal como veo las cosas, no hay mucha diferencia entre la multitud que frente a Pilatos pide “!Crucifíquenlo, crucifíquenlo!” y los que ocupan la oscura sala del cine, con un refresco en una mano y la bolsa de cotufas en la otra esperando el final de esta pasión. La hipocrecía es la misma, cómo dice "El Guía" la canción de Jose Luis Rodriguez "se burlaban, y reían [ de Jesús] y ahora claman su presencia" ¿Que ha cambiado?

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