viernes, enero 06, 2006

Mi pobre Vargas

No quise denominar a esa región de ninguna de las maneras que ha tenido (Departamento, Municipio, Estado), porque total, el maltrato del que siempre ha sido objeto nunca le ha hecho caso a jeraquías determinadas por esas palabras. Lo último es el asunto del Viaducto – ver al menos aquí y aquí - pero no es la primera vez que un suceso, que se achaca a la naturaleza y no al descuído en que se tiene sumida esta importante área, le ocurre.
Vargas es la puerta de Venezuela, pero si nos guiamos por su aspecto, entenderemos que la casa debe estar asquerosa, no solamente para el que vá de allí directo a Caracas y tiene que ver la pobreza en grado extremo y el descuído en, como describió el Nuevo Herald, la autopista más importante de Caracas, sino al que se le ocurre adentrarse al Estado, que ahora tiene la excusa de la tragedia del 99’ pero que ya tenía el pelo blanquito esperando mantenimiento en sus calles, hospitales – que recuerdo solo tiene dos, el Seguro Social y Pariata – más escuelas, mejoras en el transporte público, más institutos de educación superior y todas esas cosas que hacen digna a una comunidad de un apelativo como el último que estrenó con corona de cartón, Estado. Vargas no merece ser una ciudad dormitorio como Guarenas o Guatire, por sus larga trayectoria, por la importancia de su puerto y de su aeropuerto, por el potencial turístico que a pesar de la contaminación tiene ( solo basta aventurarse más allá de Los Caracas) y sobre todo por su gente, aunque conserve ese aire de pueblo que en muchas otras ciudades se ha perdido.
Yo viví en “La Guaira”, como le decimos los turistas incultos a todo el Litoral y recuerdo como sudaba en ese calor en mis primeros tiempos, hasta el punto de ser detectada fácilmente por los nativos: “¿Usted no es de aquí, verdad?”. Viví en un barrio en Macuto, cuya peligrosidad nunca se comparó a los de los barrios de la capital y sin pena declaro que bastante agua cargué (que ironía, rodedos de mar) y que bastante camiones de gas perseguí, que muchos amaneceres y atardeceres gloriosos presencié, engordé con los deliciosos helados multisabores del Sr. De Carmen de Uria, ahora desaparecida, pescado sabroso comí en “El Táchira” en Naiguatá y en “El Rey del Pescado Frito” en la misma vía y que allí viví hasta el día de mi partida, amando a la malquerida no solo de este gobierno sino de todos los gobiernos, de los ciudadanos que los fines de semana van a ensuciarla, de los inversionistas que no le han metido más dinero a la región – y el que lo ha hecho, como en Caraballeda, en el área de la antigua Tomaselli, quizás esté arrepentido – de los políticos regionales y los no tanto que llenan de esperanza a la población en cada elección y sin embargo dejan que la sigan tratando como un área de segunda categoria, mi querido Vargas, que te niegas, en el calor de tu población, con tus tambores, con tu comida, con tus conservas de coco, con tu mar, a desaparecer para siempre.

4 comentarios:

Reste@dos dijo...

Sí, tienes razón, también hay que ver las implicaciones desde el punto de vista de quienes viven en el litoral.

Lycette Scott dijo...

Casi lloro con tu relato, a mi me fascina pasar por la Plaza de Las Palomas en Macuto, me encantan las playitas de Care y Niguatá...que tristeza todo esto

EnigmasExpress /Gandica dijo...

Emotivo el asunto.
Uno de tus post que más me ha gustado. Se ve que lo escribistes con el alma.
Gran saludo como siempre.

Anónimo dijo...

POBRE USA Y POBRE GENTE DE ESTADOS UNIDOS QUE TIENEN QUE CONVIVIR CON EL PRESIDENTE MAS ASESINO DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD