sábado, enero 14, 2006

El tiempo pasa y algunas cosas no cambian.

Te pareces tanto a mí…
Ni para el uno, ni para el otro, sino todo lo contrario

Cada vez que me pongo encima una de mis finísimas camisas, te recuerdo porque a pesar de nuestro orígenes humildes la Presidencia nos dio a los dos, de gratis, la posibilidad de usar lo mejor ¿Qué a veces lo que nos ponemos representa unos cuantos barriles de petróleo? No importa, el animal voraz de poder debe disimularse con cosas fiznas.
Adoramos un acto de masas: Yo movía mis manos y caminaba mucho, tu juventud hace que me superes participando en todo, Venezuela te ha visto desde cocinar en una escuela, hasta cantar y mostrar tus habilidades atléticas, sobretodo en el béisbol. Y ambos somos magallaneros, lástima que tú no eres adeco.
Nos gusta hablar, de lo que sabemos y de lo que no, tú que tuviste una educación cometes, en tus andanzas verbales, metidas de pata equivalentes a las mías dada mi poca instrucción. Así como alguna vez yo puse a Sadel a interpretar El Bolero de Ravel, tú exaltas a Mao frente a la dirigencia China actual. Cabe resaltar las cómicas que ambos hemos dado en Europa, frente a la nobleza.
Nos encanta Cuba y Fidel. Yo tuve a mis asesores, visité y fui visitado, pero la simpatía de este demonio de la política no llegó a deslumbrarme como a ti, cuya pública demostración de afecto – palabras y obras - resulta un tanto exagerada. Inexperiencia de tu parte, supongo.
Prometimos lo imposible cuando éramos candidatos, y ganamos, no una sino dos veces. En tu caso ocurrió casi seguido, cuando ya, como tu dices se te veían las costuras. Esta segunda vez te habías aprendido el libro de mañas que le quitaste a mis ex compañeros antes de lanzarlos al aceite del olvido: autobuses, meriendas, boinas, banderas y mentiras. Lo haz ido perfeccionando y en esto, la verdad debo darte una palmada de felicitación, ! así se hace!
Una grave coincidencia es que nos gusta asar varios pájaros de un solo tiro, así estaba yo, tratando de establecerme como líder del Tercer Mundo para quedarme en la OEA cuando el rancho estaba ardiendo, tú y tus compañeros con la antorcha en la mano. Tu hablas de integración latinoamericana y antiglobalización, mientras desintegras a los venezolanos y dejas, que solo tus allegados disfruten de las glorias del mundo globalizado. Nos encanta un arroz*, vamos a donde nos invitan y también donde sería suficiente enviar a un subalterno. Lo importante es ser visto y tratar de ser oído a gran escala.
Hasta el nombre de Bolivia, asociado a escándalos que ambos hemos provocado, es común, el mío con el Sierra Nevada y el tuyo con el “afectuoso” recibimiento por parte de humildes ciudadanos de ese país pagados supuestamente por tu gobierno. Cualquiera capaz de verificar la verdad de estos hechos puede considerar esto como malversación de fondos, asi es la vida, chico, te pueden agarrar como a mí en una pendejada.
La parte triste es que somos enemigos, cumpliendo a cabalidad esa premisa de que los iguales se repelen, tanto nos parecemos que ahora soy yo quién quiere sacarte, porque aún cuando ni afirmo ni niego una conspiración, deseo tu autosuicidio, cosa en la parece me estás complaciendo.
Lo divertido, compatriota, es que con todos nuestros defectos sigamos entre las alternativas para conducir el Poder Ejecutivo. Los preparados evitan la participación, los novatos tienen frentes débiles solo porque son sifrinos, la sociedad civil no termina de integrarse por temor a la partidización. Nuestro pueblo nos tiene bien merecidos, ¿verdad?
Por cierto, de los sastres venezolanos me gusta Clement ¿Cuántos trajes con su firma tienes tú?
Nota: Esta opinión la escribí en enero del 2002. ¿Aún propicio? Ustedes me dirán...
* arroz: reunión, fiesta.

2 comentarios:

El "Dulzor de Ostras" dijo...

Suspiro, para no llorar.

Saúl A. Mora M. dijo...

Los polos iguales se repelen