miércoles, enero 11, 2006

Cualquier cosa para ganar

En un giro inesperado de su programación el canal de cable GSN, que habitualmente nos llena de programas de juegos y retos, ayer presentó el primero de la serie Anything to win, documentales donde se presentan grandes chascos y trampas realizadas en competencias. El caso se refirió a Rosie Ruiz, una cubano-americana que en 1980 llega de primera a la meta del maratón más importante de Estados Unidos y uno de los mas importantes del mundo (Boston), ¿el problema?: nadie la vió durante el curso de la carrera, núnca había sido reseñada en el mundo maratonil, y esta era solo su segunda carrera. Ya desde el comienzo se hizo evidente que se había coleado casi al final de la ruta, pero una larga semana de investigaciones, que incluyeron descubrir también que había hecho trampa, recorriendo en metro el maratón de Nueva York que la había clasificado para este, hace que la descalfiquen y otorguen la medalla a la ganadora (otra, porque ella no quizo devolver la suya), Jackie Gareau a quién le robó la satisfacción de ser recibida en la meta con todos los honores, amén de que deslució el triunfo masculino y manchó para siempre al reputación del organizador del maratón en su oportunidad.
Lo impresionante se oirla, 25 años despues, llorar e insistir en que ella si hizo su recorrido en ambas ocasiones, cuando, como mínimo, está violando unas cuentas leyes de la física: de masa (fué invisible en toda la carrera), de mecánica ( imposible hacer el recorrido en el tiempo que dice que lo hizo) de dinámica (en las condiciones que llegó a la meta, imposible decir que cubrío la distancia). La conclusión a la que llegan los expertos: el primer maratón, en el cual quedo en la lista de primeras por accidente, la puso en el compromiso de participar en el segundo, donde intentó repetir la casualidad del primero, pero fallo su timing y se echó la botella de agua para simular sudor y entro al final del recorrido muy adelantada, quizás nunca pensó que sería la primera sino que pasaría desapercibida entre las otras competidoras. Ya en ese punto estaba montada en el burro, y como buena latina, tenía que arrearlo. A punto de correr mi cuarto medio maratón, donde a quién le trato de ganar es a la Martha Beatriz un año más joven, esta historia me puso a reflexionar: como dice uno de los expertos, nada de suerte, piernas que duelen, espaldas que no se soportan, uñas de los pies moradas y rotas, ampollas: esto el el signo del corredor.

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