jueves, diciembre 22, 2005

Traduciendo ternura

Se puede ver en este artículo - no se pierdan las fotos de las cartas - alguno de los pedidos a Santa, tan complejos algunos de ellos que necesitan un traductor especializado: por supuesto, otro pedilón, que sabe exactamente que significan esas palabras japonesas diseminadas en la mayoría de las misivas y conoce la diferencia entre un robot y un carro, aunque no se defienda muy bien con los juguetes para niñas. Me conmueven aquellas de niños que piden algo y acotan que "no necesitan más" o una en que se pide dinero, pero exactamente $3.25: me muero de la curiosidad, ¿ para qué serán?

2 comentarios:

LUIS AMÉZAGA dijo...

Acotar las peticiones es una demostración de falta de fe, y claro concepto de la realidad posible. Por eso piden con precaución e intentando caer en gracia por prudentes.
Los niños con fe piden sin límites porque creen que todo es posible. Cada vez se pierde antes la inocencia.

Martha Beatriz dijo...

Recuerda que es norma eso de la cartita. Igual que la iglesia católica, todo este rito está rodeado dela mano del hombre, no culpo a los niños, porque se les ha hecho confundir el que plasmen sus deseos con que los limiten. Sé de niños que piden de manera ilimitada, quizás en esa onda de inocencia, pero por ejmeplo yo siempre pedí muy específico, creyendo, y con limitaciones (esto, esto y esto), no es siempre lo que mencionas es el caso. Interesante punto de vista, de todas maneras. Un abrazo.