jueves, mayo 26, 2005

Pabellón con baranda en PDVSA *


“A mí me traes un pabellón”, le indicaba un Ejecutivo de PDVSA al mesonero de uno de los tantos restaurantes que se encuentran en la zona de La Campiña, cerca de la sede “pero me le quitas las caraotas y en vez de plátanos me le pones papas fritas” agregó, dejando al mesonero y a los comensales que le rodeaban, perplejos, ¿se puede llamar pabellón a un plato sin negritas y tajadas? Este verídico episodio, que sería divertido si no fuera por lo ridículo que resulta, siento tiene relación con la forma en que los trabajadores de alto nivel de nuestra industria básica se han comportado en el ámbito laboral venezolano. Hasta ahora, ellos se han considerado especiales y diferentes a todos los otros, en particular a los que llamamos, despectivamente a veces, funcionarios públicos, empleados que van con ellos en el mismo barco de los pagados por el Estado.
Y es que la “industria”, cómo se refieren ellos a la empresa donde trabajan, también les ha dado pié para que tengan dicha apreciación, dados los beneficios y consideraciones que se les tiene, por lo cual se han movido a través del tiempo en una burbuja protectora, ajenos completamente a los sucesos que marcan el día a día del país. ¿Qué son muy buenos? ¿Qué tienen méritos suficientes para merecer las ventajas que tienen? No lo discuto e incluso apoyo la iniciativa de mantener la meritocracia, pero tenía que ser algo que los tocara en lo profundo lo que hiciera que reaccionaran, como nunca antes a un cambio que podría conducirles a “parecerse a un ministerio”, declaración que considero ofensiva por demás hacia una gran parte de profesionales que se desenvuelven en dichas oficinas y cuyo trabajo es comparable en calidad, al de los Ejecutivos de la “nómina mayor” sin la ventajas que les ofrecería pertenecer a ella.
Yo estoy segura que si la mayoría de los trabajadores que dependen del Estado tuviera garantizados los servicios de salud, vivienda, mejoramiento profesional y personal con que cuentan los cerebros de la industria, la eficiencia de ellos aumentaría y se mantendría de la misma forma en que se mantiene, a Dios gracias, en la empresa de todos los venezolanos.
Y es bueno decir que no ha sido esta la única vez que el Gobierno decide y pone en marcha políticas que afectan el desenvolvimiento de la Petrolera. Sin ir más lejos todos los nombramientos para la Presidencia hechos en la República Bolivariana de Venezuela han sido discutidos, pero es sólo hasta ahora cuando la Junta Directiva que toca las entrañas del más alto nivel, está en peligro de politizarse cuando se produce una reacción. ¿ No era ingenuo pensar que estos cambios polémicos en la cima no conducirían también, eventualmente, a cambios discutibles en otros niveles? Pero los “intocables” asumieron que por estar en peligro “el chorro” que produce las divisas que nos hacen falta para subsistir, los desmanes “quintarepúblicanos”, al igual que pasados desmanes que si afectaron a los otros trabajadores venezolanos en la cuarta – La nueva Ley del Trabajo por ejemplo - pasarían de largo frente a ellos.
No creo nadie se alegre con los visos de destrucción que se ciernen sobre PDVSA debido a las políticas chavistas. Pero considero ya ganancia que estos trabajadores salgan a la calle igual que los otros, con el mismo derecho que los otros, a defender su lugar de trabajo y a identificarse con los demás a través de una lucha, aunque en este caso revista objetivos distintos. Siento que así, se están comiendo su pabellón completo, con caraotas refritas y plátano pasao’. ¡Buen provecho!
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* También del 2002. Los acontecimientos posteriores me hacen asumir esta opinión con culpa. Jamás pensé que ahora muchos ex-trabajadores de la petrolera no se pueden dar el lujo de comer pabellón en ninguna forma. Y lo publico a propósito de aquello de los "visos de destrucción".

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