jueves, mayo 19, 2005

"My" vacaciones


Para mis hijos y todos los venezolanos chiquitos que se crían afuera

Tengo 9 años y mi partida de nacimiento dice que soy venezolano. No comprendo bien porqué no vivo allá ni porqué soy el único de los primos que habla otro idioma y termina la escuela antes. Pero bueno, cuando esto ocurrió este año y para no desarraigarme, como dice mamá, vine con ella y mi hermana a descansar este summer y a pesar de que recorrí poco tengo muchas cosas que contar.
Me llamaron mucho musiú - cómo cuando probé un raspado de parchita y dije Gooood!- pero eso es una injusticia, ya que yo conozco bien las arepas, el pabellón y las empanadas, cada vez que pude las comí y en grandes cantidades. No me fué muy bién con la chicha y las cachapas, pero me encanta el chocolate, los jugos, los postres y no debo olvidar el diablito, relleno obligado de mis tostadas bolivarianas. No resistí la tentación de los fast food, y fui complacido, sobre todo porque son de los pocos sitios seguros donde pueden estar los niños y las mamás pueden conversar. Por cierto, se nos prohibió hablar inglés en la calle, to keep us safe, no fuera a ser que a algún “buenandro“ se le ocurriera hacernos un secuestro express, solo por relacionar ese idioma con un dinero que mis padres, la verdad, no tienen.
¡Que fea Caracas! Las pocas veces que estuvimos allí, mi mamá convertía su mano en tenaza, para que no perdernos de vista en ningún momento en esas calles donde evitar pisar caca, meter el pie en un charco o caer en un hueco se convierte en un juego sin fin. Me asombró la gente en la calle, nunca había visto tantas personas en las aceras junto a las más increíbles cosas para vender. Me gustaron nuestro museo y el Parque Los Caobos, con esa fuente maravillosa y sus toboganes altísimos de metal, es una lástima que las otras instalaciones estuvieran malas. Mamá nombró muchos lugares, que ya no recuerdo, en los cuales nacieron, estudiaron o vivieron ella y papá.
Cuando el abuelo nos llevó a Maracay, fuimos a un parque bellísimo que se llama Henry Pitier, gustándome más que los water parks de aquí. No quise salir del agua ni un momento, porque además, con amigos que hicimos jugamos como difícilmente lo hacemos en casa. Una de las amiguitas decía tener siete años como mi hermana, pero era muy pequeña, mi mamá cree que no come bien. También tuvimos a Bahía de Cata para nosotros solos un día y adquirí allí algunos raspones cuando me revolqué con las olas, que ahora muestro orgulloso.
Hay muchas casas rotas, tierra y polvo en La Guaira, donde vivía. Yo aún recuerdo mi antigua casa, y llego a ella como si fuese mía. En una playa conocí a Javier, quién no va a la escuela y aunque esto no parezca bien, me favoreció, pues nos divertimos mucho juntos.
Venezuela es mi patria y me gustar ir allá. Eso significa aeropuertos, paseos, dentista, encuentros familiares y amistosos, regalos. No es lo que me enseñan aquí at school, supongo en algún momento entenderé lo que aprendo en relación a aquel, mi país.

1 comentario:

LUIS AMÉZAGA dijo...

La nostalgia del futuro.