jueves, mayo 12, 2005

Consulate "Blues"

Digo con mucha frecuencia - a veces digustadísima, otras en broma - que en caso de nosotros los venezolanos que vivimos en Florida y los otros estados del Sur de los E.E. U.U., la mejor manera de aniquilar la añoranza por nuestra tierra es tener que ir a hacer un trámite en el Consulado General de Venezuela en Miami . Vuelven a la cabeza parte de las razones de porque nos vinimos, desde que entras al incómodo y costoso - como todo lo que se tenga que pagar allí desde una fotocopia hasta un café - estacionamiento, hasta que subes a la oficina para encontrarte con el insufrible portero pone normas "es muy temprano, no puedes esperar aqui, sino abajo" - la anarquía en la atención - chiste: el número que hay que tener para que te atiendan de inmediato es estar "buena"- y los requisitos que nunca están descritos completos en las planillas de las solicitudes, sino cuando estás frente a la taquilla con la antipática compatriota de turno. Cuentan las leyendas de la cola infame que NUNCA atienden el teléfono y deciden aceptar solicitudes - en diciembre pasado ya en los primeros días no estaban procesando pasaporte - cuando les dá la gana. Si se tiene la mala suerte de venir de otro estado ( se supone atiende hasta las Carolinas), no hay ruego que valga, el desconsiderado "venga después" no falla.Les cuento de hoy: mi pasaporte , solicitado en marzo, me lo entregarán en mayo, sin derecho al criollo pataleo. Aunque no verifique esta vez, un gestor cualquiera me lo haría en menos tiempo, igualito que allá, claro, con los correspondientes verdes, en en vez de los confusos billetes de colores con la figura de nuestros héroes de por medio. Maliciosamente me pregunto si algún asalariado por el Estado Venezolano de beneficia de este negocio.PD: ?Se fijaron que el enlace del Consulado no funciona y el del gestor si?
** Este post esta reeditado, ya lo habia publicado en la version anterior del blog

1 comentario:

David Morán dijo...

Las paradojas de la vida: No puedes vivir con ella y, sin ella, no logras vivir.

Cuando regreso a Tegucigalpa, después de visitar una ciudad geométrica, me digo: ¡Ya Retorné a mi relajo querido!

Saludos amiga Beatriz.